Lo que la ciencia sabe sobre el estrés
Hay una frase que escucho mucho en clase: «Es que yo soy así, muy nerviosa.»
Y cada vez que la oigo me pregunto: ¿y si no fuera así? ¿Y si lo que sientes no fuera un rasgo de tu personalidad, sino la respuesta de un sistema nervioso que aprendió a protegerse? Porque eso cambia mucho la forma de mirarte.
El estrés es uno de los temas más investigados en neurociencia y, paradójicamente, uno de los más rodeados de ideas equivocadas. Hoy quiero revisar cinco de las ideas sobre el estrés que más escucho, con la ciencia detrás y con ese toque de cariño que tanto me gusta. 🥰
Contenidos de este artículo
¿El estrés es siempre malo para ti?
La ciencia distingue desde hace décadas entre dos tipos de estrés. El distrés es el estrés crónico, sostenido, que agota el organismo y termina afectando al sistema inmune, al sueño y a la capacidad cognitiva.[1] Pero existe también el eustrés: la activación aguda ante un reto que nos moviliza, mejora la concentración y, en dosis adecuadas, fortalece la respuesta adaptativa del sistema nervioso.[2,3]
El problema no es el estrés puntual. El problema es cuando el sistema nervioso no puede salir del modo alerta. Me gusta mucho verlo desde la siguiente metáfora.
Imagina que el sistema nervioso tiene dos modos: el acelerador —que te activa ante una amenaza y te da energía para responder, para actuar, para resolver— y el freno —que te devuelve a la calma cuando el peligro ha pasado—. El problema llega cuando el sistema nervioso no encuentra el freno y el acelerador se queda pisado aunque no haya ningún peligro real: solo un email, una lista de tareas, una conversación que no terminas de procesar. Entonces, el cuerpo sigue produciendo cortisol, los músculos siguen tensos, la mente sigue en alerta. Y cuando el freno no llega, el organismo paga el precio. Esa es la raíz de gran parte del agotamiento crónico.
¿Si te estresas es porque eres débil o no sabes gestionarte?
Este mito hace mucho daño. El estrés no es una señal de debilidad: es una respuesta fisiológica automática del sistema nervioso autónomo, diseñada para mantenerte con vida.[4] No lo eliges. No lo controlas con fuerza de voluntad. Y culpabilizarte por sentirlo solo añade una capa más de activación al sistema nervioso.
Tu sistema nervioso está haciendo exactamente lo que aprendió a hacer para protegerte.
¿Para salir del estrés basta con relajarse?
Ojalá fuera tan sencillo. El sistema nervioso autónomo no responde a la orden de «relájate». Necesita señales de seguridad — experiencias corporales concretas que le indiquen que el peligro ha pasado.[4] Esto es lo que ocurre cuando practicamos respiración consciente, movimiento somático o meditación: no estamos «pensando en cosas bonitas», estamos enviando información real al sistema nervioso a través del cuerpo.
Por eso hay personas que entienden perfectamente qué les genera estrés y, sin embargo, no logran regularse solo con comprenderlo. El cuerpo necesita su propio proceso.
¿El estrés solo afecta a la mente?
El estrés crónico produce cambios medibles y documentados en el organismo: tensión muscular sostenida, inflamación sistémica, alteración del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal y niveles elevados de cortisol que, mantenidos en el tiempo, afectan al hipocampo y a la función cognitiva.[1,5]
El cuerpo no separa lo emocional de lo físico. Esa tensión en los hombros, ese nudo en el estómago, ese agotamiento que no desaparece con dormir — no son «cosas de la cabeza». Son la firma somática del estrés en el cuerpo.
¿Las personas neurodivergentes sienten el estrés de forma diferente?
Las personas neurodivergentes — con TDAH, autismo, altas capacidades, procesamiento sensorial diferente — tienen sistemas nerviosos que procesan el estrés de forma estructuralmente distinta a las personas neurotípicas. Su sistema nervioso autónomo presenta mayor reactividad de base, lo que significa que estímulos que para otros pasan desapercibidos — un ruido, una luz intensa, un cambio inesperado en los planes — pueden activar una respuesta de estrés significativa.[6,7]
La ventana de tolerancia — ese margen en el que el sistema nervioso puede funcionar con flexibilidad — es, en muchos casos, estructuralmente más estrecha en personas neurodivergentes.[4,7] Y comprenderlo no solo libera de la culpa: es el primer paso para encontrar estrategias que trabajen a favor del sistema nervioso.
Conocerte por dentro es la forma más compasiva de cuidarte. Y la neurociencia, cuando se traduce con cariño, puede ser una de las herramientas más poderosas para ese autoconocimiento.
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Y hasta la semana que viene,
Un abrazo,
Maite Valderas
Dra. en Ingeniería Biomédica · Profesora de meditación mindfulness y yoga sensible al trauma · Divulgadora en neurociencia del bienestar
Referencias
[1] McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904. https://doi.org/10.1152/physrev.00041.2006
[2] Selye, H. (1976). Stress in Health and Disease. Butterworths.
[3] Bienertova-Vasku, J., Lenart, P., & Scheringer, M. (2020). Eustress and distress: neither good nor bad, but rather the same? BioEssays, 42(7), 1900238. https://doi.org/10.1002/bies.201900238
[4] Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-Regulation. W. W. Norton & Company.
[5] McEwen, B. S., & Karatsoreos, I. N. (2015). Sleep deprivation and circadian disruption: Stress, allostasis, and allostatic load. Sleep Medicine Clinics, 10(1), 1–10. https://doi.org/10.1016/j.jsmc.2014.11.007
[6] Spratt, E. G., Nicholas, J. S., Brady, K. T., et al. (2012). Enhanced cortisol response to stress in children with autism. Journal of Autism and Developmental Disorders, 42(1), 75–81. https://doi.org/10.1007/s10803-011-1214-0
[7] Owens, A. P., Mathias, C. J., & Iodice, V. (2021). Autonomic dysfunction in autism spectrum disorder. Frontiers in Integrative Neuroscience, 15, 787037. https://doi.org/10.3389/fnint.2021.787037